Los informes de fuentes estadounidenses indican que, a pesar de los esfuerzos diplomáticos y las sanciones impuestas durante su mandato, Trump considera ahora que una escalada militar podría ser necesaria para lograr sus objetivos. Las instalaciones militares en Venezuela, como puertos, aeropuertos y bases navales, serían objetivos potenciales de los ataques, dada su vinculación con el tráfico de drogas.
La Administración Trump ya había intensificado sus esfuerzos en el Caribe y el Pacífico, con una serie de bombardeos y misiones contra embarcaciones vinculadas a carteles de narcotráfico, lo que ha dejado un saldo de muertos y sobrevivientes. En su reciente discurso en Japón, Trump reiteró que la lucha contra los carteles es una prioridad, afirmando: "Estamos librando una guerra como nunca antes la han visto, y vamos a ganar esa batalla".
A pesar de la presión de algunos sectores dentro de su gobierno, que consideran que una intervención militar directa podría ser la única vía para desplazar a Maduro, también hay voces que advierten de las consecuencias humanitarias y diplomáticas de un ataque en tierra.
En el frente internacional, las Naciones Unidas han reiterado su preocupación, acusando a Estados Unidos de violar el derecho internacional con sus intervenciones en el mar, señalando que los ataques a embarcaciones han resultado en "ejecuciones extrajudiciales". El alto comisionado de la ONU para los derechos humanos, Volker Türk, ha exigido el fin de estas acciones, citando el creciente costo humano.
La comunidad internacional continúa dividida sobre cómo abordar la crisis en Venezuela. Mientras algunos países latinoamericanos han llamado a la paz y al diálogo, otros, especialmente en el Caribe, apoyan las medidas de presión de Estados Unidos. En este contexto, la situación en Venezuela sigue siendo un punto caliente de debate y conflicto en las relaciones internacionales.
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